Según testigos en el juicio, donde le dieron prisión perpetua al expolicía Velaztiqui, la crónica de lo sucedido fue:
Las víctimas, Cristian Gómez (25), Adrián Matassa (23), Maximiliano Tasca (25) y Enrique Díaz (22), amigos del barrio, decidieron terminar la noche en el barcito de la estación de servicio de Av. Gaona y Bahía Blanca. Con ellos estaba Enrique Díaz, que se salvó de la masacre.
En Floresta todavía quedaban resabios de los cacerolazos del 2001. Y cuando llegaron al lugar, en la pantalla del televisor apareció un policía golpeado por los manifestantes. Maximiliano gritó: "Está bien, hay que matar a todos estos hijos de puta".
La imagen del policía golpeado se repitió. Hubo una especie de brindis. Y eso pareció desatar la furia de Velaztiqui, que tomaba una gaseosa light en una mesa. En ese momento Velaztiqui reaccionó: "Dijo: hasta acá; basta. Se paró, sacó el arma y le pegó un tiro en la cabeza a Maxi". Un segundo disparo fue para Cristian Gómez quien, en el piso, fue rematado por Velaztiqui. Otro le dio en la panza a Adrián.
Los testigos también relataron ante el Tribunal Oral N° 13 de la Capital Federal el momento en que Velaztiqui arrastró los cuerpos de Maximiliano y Cristian hasta el playón. "A Maxi lo llevaba de los pies y la cabeza le rebotó en los dos escalones". Después, hizo una llamada telefónica que se presume fue a la comisaría 43ª donde habría informado "un enfrentamiento con ladrones".
A los pocos minutos, apareció un Ford Falcon al lugar, Velaztiqui se acercó al conductor del auto y habló con él. Enseguida llegaron los patrulleros. Juntos entraron y salieron del local.
El juicio y la condena a prisión perpetua dejó conforme a los familiares y personas cercanas a los chicos, aunque el miedo de ver a Velaztiqui libre al cumplir los 70 años sigue persiguiéndolos como un fantasma que va a ser difícil de ahuyentar.
De a poco se logró el reconocimiento social de lo que para todo Floresta había estado claro desde un principio: los pibes habían sido masacrados en un hecho que no debería repetirse jamás. La memoria activa se vio plasmada entonces en hechos simples pero contundentes: llamar "29 de Diciembre" a la plaza de Mercedes y Miranda, denominar "Esquina de los Chicos de Floresta" a la intersección de Av. Gaona y Bahía Blanca y, finalmente, el emplazar una escultura: "Los Chicos de Floresta - Sucesos 2001", en el espacio público sito en la intersección de la Av. Gaona y Gualeguaychú.
Por el 4to. Aniversario de este trágico hecho, las madres de los "Pibes de Floresta", la Asamble de Floresta, la Asociación Tupac Amaru y el Museo de Floresta organizaron la conmemoración el 29 de diciembre de 2005 en el Corralón de Av. Gaona 4660 con una misa, lectura de poemas y presentaciones musicales, en el contexto de una muestra de arte y fotografía. |